Simpatía es un libro bastante breve -poco más de doscientas páginas de buena letra y márgenes generosos- que, en mi opinión, se queda bastante corto para tratar tantos temas como pretende abordar.
La historia refleja muy bien el caos en el que anda sumida Venezuela; buena muestra de ello es la cantidad de perros que son abandonados en las calles por los venezolanos que se han visto en la necesidad de huir del país.
Ulises, el protagonista, se ve envuelto en varios enredos familiares, algunos de ellos no exentos de peligro, cuando su mujer decide abandonarlo y su suegro, un general recientemente fallecido, le encomienda la casa familiar con la condición de que la convierta en una fundación para dar refugio a perros abandonados. Y para complicar las cosas aún más, la que fuera su antiguo amor hará su aparición en medio de todo este lío.
El libro está plagado de referencias cinematográficas muy disfrutables e interesantes, sobre todo de El padrino, pero también literarias, en especial a la escritora Elizabeth von Arnim, grandísima amante de los perros.
Me ha gustado que los capítulos sean cortos puesto que facilitan la lectura; he disfrutado mucho con todo el protagonismo perruno y me ha dado pena no conocer más a la señora Altagracia, un personaje de lo más misterioso que se pasaba la vida encerraba en su taller traduciendo la obra de Elizabeth von Arnim.
Sin embargo y pese a su supuesta bondad para con los perros, no he logrado empatizar lo más mínimo ni con el general fallecido ni con su yerno, el protagonista del libro. Igual estoy equivocada, es posible, pero me han transmitido un tufillo misógino que ha hecho que no sienta por ellos la más mínima simpatía.
Por gustos meramente personales, tampoco han sido de mi agrado un par de alusiones sobre ciertos comportamientos sexuales que en mi opinión no aportan nada a la trama; es más, en mi caso, me han sacado de ella de forma abrupta.
En mi honesta opinión, las reseñas que figuran tanto en el propio libro como en la faja promocional le han hecho un flaco favor a la novela, son tan exageradas que una cree que se va a encontrar el libro del año cuando en realidad es una historia que promete mucho más de lo que ofrece.
El aparente desarrollo de la historia a modo de un thriller -al menos así lo he percibido yo- y las varias subtramas que se presentan crean unas expectativas que pueden acabar frustrando la lectura al resultar en exceso confusas y no resolverse del todo; igual un libro más largo habría dado una más correcta cabida a la trama.
Lo mejor, la originalidad de la historia, el certero retrato sociopolítico de Venezuela y el amor y la ternura que desprende por los perros, que tampoco es poca cosa, todo hay que decirlo.
jueves, 9 de diciembre de 2021
SIMPATÍA
miércoles, 24 de febrero de 2021
La fiesta de la señora Dalloway
Lo primero que llama la atención de este libro es su edición; porque es una auténtica maravilla. Las ilustraciones en color de Yelena Bryksenkova son sencillamente bellísimas, es más, son tan sumamente atractivas que prácticamente se "comen" a los relatos.
Pero la edición tiene aún más detalles. Las guardas de cartulina azul, esas cintas marcadoras de colores… ¡Cuánto hacía que no me las encontraba en un libro! Portada y contraportada con las mismas ilustraciones que la sobrecubierta para que al retirarla no nos encontremos con un libro desnudo y anodino…
Más de uno se preguntará para qué tanta molestia si lo realmente importante es el interior, y sí, estamos todos de acuerdo pero a nadie le amarga un dulce y los que amamos el libro también como objeto recibimos estas ediciones con los brazos abiertos; además, cuando se trata de un clásico como en este caso, no se entiende un homenaje si la edición es mediocre o vulgar, y todo mimo y esmero es poco, de manera que ¡bienvenidas sean estas cuidadas ediciones!
Los relatos se leen en un santiamén y su lectura no presenta dificultad alguna pero es recomendable haber leído previamente "La señora Dalloway" para poder apreciarlos y ubicarlos como es debido.
Si algo me ha desconcertado de esta edición ha sido el prólogo. Está escrito por la modelo Bimba Bosé y, con franqueza, no entiendo esta elección de la editorial. No tengo nada en contra de la modelo (incluso puestos a elegir la prefiero a otras muchas) pero pienso que escoger a una modelo para prologar a Virginia Woolf, por mucho que los relatos giren alrededor de los preparativos de una fiesta, es quedarse en la superficie, en frivolidades como la elección de los guantes perfectos o del vestido apropiado sin bucear en lo que hay debajo, sin entrar en lo que constituyen las verdaderas reflexiones de la escritora. "Pero era despreciable, mezquino y cobarde preocuparse tanto a su edad y con dos hijos, depender todavía tanto de la opinión ajena, no tener principios ni convicciones, no ser capaz de decir como los demás: ¡Está Shakespeare! ¡Está la muerte! No somos más que gusanos en una galleta o lo que fuese que dijeran." (Capítulo 6. El vestido nuevo.)
Obviando ese detalle, esta edición es una joya para sibaritas, coleccionistas, fetichistas del libro, enamorados de las ilustraciones bellas y, cómo no, para los admiradores de la novelista británica que deseen ahondar en las fuentes de su obra literaria. De verdad, una edición de las de quitar el hipo.
lunes, 11 de enero de 2021
Cómo maté a mi padre
Lumen, junio 2020
Cómo maté a mi padre es una historia autobiográfica contada en primera persona por su protagonista, Sara Jaramillo Klinkert.
La autora nos va desgranando algunos recuerdos de su infancia en la finca donde vivía con sus padres y sus cuatro hermanos, rodeada de naturaleza y animales. Una infancia feliz de una familia acomodada que se vio interrumpida de forma abrupta cuando el padre, abogado de profesión, falleció a manos de un sicario.
Estamos en Colombia y es la era del narcotráfico. Sin embargo, el libro no se adentra en ese mundo, sino en las consecuencias que para toda la familia, y en especial para la autora, tendrá la ausencia prematura del padre y en su manifiesta incapacidad para seguir adelante sin él.
Además del núcleo familiar compuesto por la escritora, sus padres y sus hermanos, por las páginas del libro desfilan otros personajes que también dejarán huella en el lector, como puede ser el caso de Catalina -la chica que ayudaba en las tareas del hogar- o la vida de un tío de la autora que no dejará indiferente a nadie.
Se podría decir que el libro no tiene una estructura demasiado convencional y también que hay algún pasaje que crea cierta confusión en el lector al cambiarse el punto de vista de la narración, pero son detalles que no afectan en exceso al ritmo de la lectura, que en todo momento se mantiene ágil.
A pesar del duro tema que trata, la autora consigue ganarse desde el principio al lector, claramente por su forma de contar las cosas, con un estilo depurado, cercano y exento de florituras pero bello a la vez.
lunes, 2 de noviembre de 2020
Lecturas de ficción contemporánea. De Kafka a Ishiguro
Nos encontramos ante un libro que reúne una extensa selección de críticas de la mejor ficción universal del siglo XX, a juicio -como es obvio- del autor del libro, Javier Aparicio Maydeu.
(Reseña publicada en Babelio)
martes, 5 de mayo de 2020
Esplendor en la hierba
Oda a la inmortalidad, de William Wordsworth
Está dirigida por Elia Kazan, ya sabéis: Un tranvía llamado deseo, La ley del silencio, Al este del Edén... O lo que es lo mismo: un grande entre los grandes. Cierto que hay un episodio bastante oscuro en su vida (un senador, una caza de brujas...) que si bien lo ensombrece como persona, en ningún caso como director.
Pero la película trata por encima de todo del amor, pero del amor en mayúsculas. Es más, diría que solo quien haya sufrido ese primer amor frustrado de juventud podrá comprender como es debido la historia y ponerse en la piel de los personajes, en particular en el de Natalie Wood. Habrá a quien le parezca una película exagerada, un chute en vena de glucosa, o incluso una historia anticuada; y lo digo no porque lo imagine sino porque lo he leído de un "crítico" que decía que la historia era muy "blandengue". Y yo al leer esas palabras sobre esta maravilla de película no puedo por más que preguntarme si ese señor se habrá enamorado alguna vez.
Y enlazando con lo anterior, si la película nunca hubiera sido lo mismo sin Natalie tampoco lo habría sido sin el poema de Wordsworth, sin ese tono evocadoramente nostálgico y lleno de melancolía que le imprimen sus versos, esos que sobrevuelan toda la historia hasta cobrar su máximo protagonismo al final de la película en una escena de las más conmovedoras que he visto en mi vida y que os aseguro que por años que pasen no podré olvidar jamás.domingo, 12 de abril de 2020
Pocas lecturas y dos recomendaciones
Solo he sido capaz de terminar dos libros desde entonces, La paciente silenciosa y Una noche de invierno. Como creo que ambos son libros dignos de unas palabras, no hablaré de ellos hoy a la espera de poder reseñarlos cuando me vea con ganas para ello.
Respecto al único reto lector al que me he apuntado, "Nos gustan los clásicos" del blog Un lector indiscreto, solo he leído y reseñado un libro, Un hijo de nuestro tiempo, pero es que, como comentaba antes, la situación que estamos viviendo con tantísimas personas fallecidas, todo el día encerrados en casa y el no poder ver a mi padre que vive solo me lleva muchas veces al desánimo y la apatía y eso, como es lógico, afecta a la lectura.
Cambiando de tema, anoche vi en Netflix una película que os recomiendo y a la que confieso que jamás me habría acercado de no ser por mis gemelas de 15 años que tienen mejor ojo que yo y quisieron que la viéramos en familia.Y digo esto porque cada año que pasa soy menos cinéfila y más crítica y cascarrabias con todo. Si a eso le añades un audio en turco y que tienes que ir leyendo subtítulos...
Pero no están las cosas para ningunear a tus hijas adolescentes cuando de pronto les apetece hacer algo con su madre, hay que agarrarse a esos momentos como a un clavo ardiendo. La película en cuestión es Milagro en la celda 7. Os advierto que me harté de llorar, pero la película mereció mucho la pena y ya quisieran muchos oscarizados actores de Hollywood actuar como el protagonista (los pelos de punta se me ponen). El único que no la vio fue mi hijo mayor (18 añitos), el pobre alucinó cuando de pronto nos vio a los cuatro llorando a moco tendido.
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Tenía 15 años cuando el profesor de Geografía e Historia nos habló en clase con mucho entusiasmo de un libro. Se trataba de El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Pasé el resto de la clase pensando en las palabras del profesor y ese mismo día, por la tarde, fui a la librería y me compré el libro. Y aunque no estoy segura del todo, creo que ese libro fue mi primer acercamiento a la literatura adulta (fuera de los libros de obligada lectura escolar, claro), así que se puede decir que fue una entrada triunfal, por la puerta grande.
Todo esto viene a cuento porque el pasado jueves estrenaron en la primera cadena la miniserie El nombre de la rosa. Está protagonizada por John Turturro, un actor que siempre me ha gustado. La película del mismo nombre dirigida por Jean-Jacques Annaud e interpretada por Sean Connery y Christian Slater es realmente buena. Es del año 1986 y la he visto varias veces a lo largo de estos años.
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Por otro lado, que me sepa la trama de memoria no es para mí ningún inconveniente, disfruto tanto viendo la ambientación, la recreación histórica y esa biblioteca laberíntica que todo lo demás se me antoja secundario. Ya estoy deseando que llegue el próximo jueves para seguir viendo la serie.
Cuando terminó el capítulo corrí a la estantería a coger mi libro y comprobé con sumo placer que mi vieja edición de Lumen lleva bastante bien el paso del tiempo (seguramente mejor que yo, al menos al libro no le vi ninguna arruga).
Los lomos están un poquito manchados y la portada algo amarillenta, pero las páginas aún están blanquitas.
No soy de releer libros ni creo que vaya nunca a una isla desierta, pero si tuviera que elegir un libro para ambos menesteres, hoy por hoy sería El nombre de la rosa.

Y con esta mi segunda recomendación, me despido de vosotros no sin antes desearos una feliz Pascua de Resurrección.
sábado, 14 de marzo de 2020
Un hijo de nuestro tiempo

El protagonista es un joven alemán del que no conocemos ni tan siquiera su nombre y del que poco más sabemos: lleva varios años en paro ("Cuando dejé la escuela, me convertí en parado"), su madre está muerta, no soporta a su padre, habla mal de casi todo el mundo y su lenguaje está cargado de odio y desprecio.
A través de apenas 145 páginas (sin contar el epílogo) articuladas en torno a once capítulos cortos titulados según el tema sobre el que vaya a versar el capítulo en cuestión, el protagonista narrador nos cuenta algunos episodios de su vida desde que se alista en el Ejército alemán (estamos en los años 30 pero aún no ha empezado la II Guerra Mundial), pasando por la admiración que sentía por su capitán, o los avatares con una chica por la que se siente atraído.










